Apóstoles de la Gracia, San Pablo y Santo Domingo

        El pasado mes de junio clausurábamos el año Paulino. En este tiempo se ha escrito y tratado sobre la figura de San Pablo abundantemente con la intención de acercarnos a este Apóstol convertido y evangelizador.

         A través de sus cartas podemos penetrar en el Misterio de Cristo, de la Iglesia y de nuestro ser de cristianos. Recorriendo tras sus huellas los distintos paisajes por los que fue sembrando la Palabra de Dios como heraldo del Evangelio, dibujamos su extenso mapa de comunidades fundadas por él y regadas con la siembra constante de su palabra, de su esfuerzo, fatigas… y sangre. Este enamorado de Cristo, no fue amante de su Iglesia, no en vano escuchó del mismo Cristo cuando iba camino de Damasco para detener a los cristianos las palabras que transformaron su vida: “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?” (Hch. 9.1 – 18). Este “Yo” de Cristo que se identifica con los cristianos perseguidos, fue la Voz que le llamó a una tarea que a partir de entonces va a ocupar su vida entera, una llamada a la que va a intentar responder cueste lo que cueste…..hasta dar su vida por Cristo bajo Nerón, haciendo realidad lo que había escrito en su carta a los Filipenses: “todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo”. (Flp. 3,8).

        1.- Instrumentos de la Palabra de Dios: Vete y Predica.

 

         Siglos mas tarde, otro apóstol, Santo Domingo de Guzmán va a ser, cual otro Pablo, un Heraldo del Evangelio, un predicador incansable, que a través de caminos, fatigas, noches sin dormir, en verdadera pobreza y con ansias de llevar su testimonio hasta dar su vida, va a ir sembrando el Evangelio, la Palabra de Dios. Podemos afirmar que Santo Domingo va a ser como otro Pablo.

         Nos cuenta Constantino de Orvieto: “Oraba Domingo en la basílica de San Pedro pidiendo a Dios que conservara y aumentara la Orden, vio como se le acercaban los Apóstoles Pedro y Pablo, Pedro le entregaba un báculo y Pablo un libro. Le decían: “Vete, predica, porque Dios te ha elegido para este ministerio”. Dicho esto le parecía ver a sus hijos diseminados por todo el mundo yendo de dos en dos anunciando la Palabra Divina”.

         El bastón entregado por Pedro simboliza el distintivo de Mensajero de Dios, el que camina para llevar la Buena Nueva a todas las gentes (No olvidemos que al ir caminando a pie, se solían ayudar de un bastón, también es báculo de Buen Pastor). El libro entregado por el Apóstol Pablo es la doctrina de la que Santo Domingo bebió desde su juventud.

         Ya en sus primeros años de estudiante en Palencia el beato Jordán de Sajonia nos dice de él: “Una vez que en su opinión las tuvo suficientemente asimiladas (las artes liberales), abandono estos estudios, como si temiera ocupar en cosas menos útiles la brevedad de la vida. Se remontó al estudio de la Teología, y comenzó a quedarse impresionado en contacto con la Sagrada Escritura, mucho mas dulce que la miel para el paladar”. Y de esta forma se dedicará con todo su ser al estudio y contemplación de la Sagrada Escritura hasta el punto de que será de todos sabido que muchos textos se sabia de memoria y que su principal y único equipaje en sus correrías apostólicas era el Evangelio de Mateo y las cartas de San Pablo “que se sabia de memoria” (Bto., Jordán de Sajonia).

         Así pues, cimentando sobre la Roca de la Palabra de Dios, Santo Domingo desde el principio tuvo como Modelo al Apóstol San Pablo. Como él, optará por la pobreza voluntaria, sabiendo que “la fuerza de Dios se realiza en la debilidad”, y el predicador solamente es un instrumento: “¿qué es pues, Apolo? ¿Qué es Pablo?….¡Servidores por medio de los cuales han creído!….De modo que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que hace crecer”. (1 Cor. 3, 5-9).

        2.- Predicador de la Gracia.

 

         El Apóstol Pablo en todas sus cartas resalta el poder de la gracia, es la gracia de Dios la que opera la salvación. La Salvación nos viene por Gracia y solamente por la Gracia de Dios: “Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús”. (Rm. 3, 21-24). “Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia” (Rm. 5, 20). Esta es la predicación de Pablo: la salvación universal por medio de la gracia, por la entrega de la Sangre de Cristo.

         Y esta fue la Predicación de Santo Domingo, no en vano se le llama “Luz de la Iglesia, doctor de la Verdad, ejemplo de paciencia, ideal de castidad, predicador de la gracia”.

         Una predicación universal, que llegue a cada rincón y a todos los rincones del ser humano, llevando luz, verdad. GRACIA. Esta será la tarea de los dominicos, aprendida de Pablo y legada por Domingo. Es el Dios gratuito que oferta la salvación.

         3.- Corazón compasivo.

         Si leemos despacio las cartas de San Pablo descubrimos a un hombre enamorado de Cristo hasta el punto de llegar a tener los ojos y el corazón de Cristo… los sentimientos de Cristo. Este Jesús que se hace hombre y carga sobre si el pecado de la humanidad para salvarla le ha transformado por dentro y le ha dado un corazón de “madre”, no pocas veces vemos como Pablo llega hasta la ternura de su relación con los miembros de sus comunidades. Igualmente santo Domingo, que pasaba las noches contemplando a este Cristo, irá moldeando su corazón compasivo de Cristo anunciaran un mensaje de amor, de liberación, de consuelo para un mundo que se debate tantas veces en el error y las tinieblas del pecado. Así se decía de Domingo: “Había en él una igualdad de ánimo, a no ser que se conmoviera por la compasión y la misericordia”….Y Pablo podrá decir: “Hijos míos por quien sufro otra vez dolores de parto”. (Flp.).

         Además de estas conexiones entre San Pablo y Santo Domingo podemos resaltar la alegría, la cordialidad, la verdadera caridad. Podemos decir que ambos eran cariñosos en su relación con los demás haciendo así que la Palabra de Dios llegase a los oyentes como venida del mismo corazón de Cristo. Los demás no son extraños, sin hijos, hermanos. También vemos en ambos el deseo de ir siempre más allá en su extensión del Reino, Pablo llegó hasta Roma y quería llegar hasta España, que era entonces el “finis terrae” (Rom. 15, 23-24). Igualmente Santo Domingo soñaba con consolidar su orden y marcharse a predicar a los cumanos, es decir los mas alejados de entonces. “Domingo deseaba la salvación, tanto de los cristianos, como de los sarracenos, y especialmente de los cumanos y otros pueblos…Decía con frecuencia que deseaba ir a los cumanos y a otros pueblos infieles” (Fray Rodolfo de Faenza, causa de canonización).

         Podemos, pues, afirmar, que Santo Domingo de tanto beber en la Palabra de Dios encarnó el estilo de Apóstol, especialmente del Apóstol Pablo, no en vano, él quiso que su Orden fuese y “se llamase de Predicadores” y el apóstol Pablo para alentarle, confirmarle en su proyecto le entrego el Libro y junto a Pedro, le envió: VE Y PREDICA.

 

 

Monasterio Purísima Concepción

MM. Dominicas – Jaén

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