Boletin 2004

A dos años de la Carta Rosarium Virginis Mariae

El 16 de octubre de 2004 se cumplen dos años del gran regalo de Juan Pablo 11 a la Iglesia: la Carta Apostólica «Rosarium Virginis Mariae».

Efectivamente, el 16 de octubre de 2002 fue un día histórico para la mariología, para la devoción mariana y para el Rosario: aparecía el primer documento pontificio sobre el Rosario del siglo XXI y de Juan Pablo II; el Papa proclamaba el primer Año del Rosario en la historia de la Iglesia, e incorporaba los cinco nuevos misterios, los Misterio Luminosos.

Se trata de una Carta Apostólica, de menor rango que la encíclica. Por el tema, el contenido y el enfoque doctrinal y pastoral que Juan Pablo 11 da a «Rosarium Virginis Mariae», bien podría haber sido una encíclica rosariana, como las de León XIII y sus sucesores. Quizá, porque ya tenía la “Redemptoris Mater», la encíclica mariana de Juan Pablo II, el Papa prefirió darle la categoría de Carta Apostólica, lo cual no significa que tenga menor importancia su doctrina. Ocurre algo semejante a la Exhortación Apostólica de Pablo VI Marialis cultus, seguramente el documento pontificio más importante y completo sobre María.

El Papa quiso que el documento del Rosario llenara, con el Año Mariano que en él proclama, su año XXV en la Sede de Pedro:»Al inicio del vigésimo quinto año de Pontificado, pongo esta Carta apostólica en las manos de la Virgen María7′ (n. 43).

Podemos afirmar que los dos Últimos grandes regalos de Jesús a su Iglesia fueron: la Eucaristía, en la Última Cena, y María desde la Cruz. Y Juan Pablo II, que va viendo cómo decaen sus fuerzas físicas, reservó para el Año del Rosario dos grandes regalos: la encíclica «Ecclesia de Eucharistia», y la Carta apostólica «Rosarium Virginis Mariae», en la que por primera vez en la historia de la Iglesia incorpora oficialmente al Rosario el misterio dedicado a la Eucaristía, quinto de los nuevos Misterios Luminosos.

UN DOCUMENTO PERSONAL DEL PAPA MARIANO

En la Carta hay frecuentes toques personales del Papa del «Totus tus»: «Yo mismo no he dejado pasar ocasión de exhortar a rezar con frecuencia el Rosario. Esta oración ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes … El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo … Dos semanas después de mi elección a la Sede de Pedro, como abriendo mi alma, me expresé así: El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidadCon el trasfondo de las Avemarías pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo.” (n. 2) Así comenzaba su primer año de pontificado, y quiso que comenzara el vigesimoquinto.

UNA DEVOCIÓN VIGENTE

El Año del Rosario culminó con la peregrinación del Papa a Pompeya en octubre de 2003. Queda la siembra, que por parte del Papa ha sido continua durante todo el año, y algo se ha hecho en la Iglesia: se ha hablado más del rosario, ha interesado a más gente, se ha rezado más… Terminado el Año del Rosario, se inicia una larga época del Rosario para muchos años. Porque:

-en cuanto a la doctrina, importancia, actualidad e innovaciones del Rosario, su vigencia no tiene término: es para la Iglesia del siglo XXI y los que sigan.

-si el Rosario de los 15 Misterios ha mantenido su vigor por espacio de seis siglos, el Rosario de 20 Misterios no tiene por qué durar menos.

-”Una oración tan fácil, y al mismo tiempo tan rica, merece de veras ser recuperada por la comunidad cristiana … Que este llamamiento no sea en balde” (n. 43). “En su sencillez y profundidad, sigue siendo una oración de gran significado en el Tercer Milenio, destinada a producir frutos de santificación. Se encuadra muy bien en el camino espiritual de un cristianismo que, después de dos mil años, no ha perdido nada de la novedad de los orígenes”. (n. 1).

ORACIÓN CRISTOLÓGICA, ORAL Y MENTAL

El Rosario es una oración que lleva a Cristo: “El Rosario, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología” (n. 1)

Recorrer con María las escenas del Rosario es como ir a la escuela de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje” (n. 14) “El recorrido espiritual del Rosario, basado en la contemplación incesante del rostro de Cristo -en compañía de María- … nos introduce de modo natural en la vida de Cristo y nos hace como respirar sus sentimientos”. “Mediante este proceso de configuración con Cristo, en el Rosario nos encomendamos en particular a la acción materna de la Virgen Santa … Es Madre de la Iglesia, que, como tal, engendra continuamente hijos para el cuerpo místico de su Hijo” (n. 15).

Juan Pablo II subraya, como elemento constitutivo del Rosario, la dimensión contemplativa. El “Rosario es un medio sumamente válido para favorecer en los fieles la exigencia de contemplación del misterio cristiano … El Rosario forma parte de la mejor y más reconocida tradición de la contemplación cristiana.” (n. 5). El Papa lo compara, en Occidente, con la oración del corazón de Oriente … que tanto ha divulgado “El peregrino ruso”.

Dice el Papa que el Rosario “es una oración marcadamente contemplativa. Sin esta dimensión, se desnaturalizaría”. (n. 12). Y evoca a Pablo VI, quien en la “Marialis cultus” decía que sin la contemplación, el rezo del Rosario “corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas…”

POR LA FAMILIA, POR LA PAZ

En el Rosario se puede pedir a María y a Jesús por todas las necesidades, personales, familiares y sociales. Pero el Papa señala especialmente dos de gran importancia y actualidad: la familia y la paz.

“El Rosario es, desde siempre, una oración de la familia y por la familia. Conviene no descuidar esta preciosa herencia. Se ha de volver a rezar en familia y a rogar por las familias, utilizando todavía esta forma de plegaria” (n. 44).

Cuando vemos que el matrimonio y la familia se están desintegrando, se evoca el eco del lema de aquella bendita Campaña del Rosario: Familia que reza unida, permanece unida.

Dice el Papa sobre el Rosario y la paz: “Las dificultades que presenta el panorama mundial en este comienzo del nuevo Milenio nos inducen a pensar que sólo una intervención de lo alto, capaz de orientar los corazones de quienes viven situaciones conflictivas y de quienes dirigen los destinos de las naciones, puede hacer esperar en un futuro menos oscuro. El Rosario es una oración orientada por su naturaleza hacia la paz. (n. 40). Desde que el Papa dominico San Pío V convocó a las Cofradías del Rosario y a toda la Iglesia en el rezo del Rosario por la paz y la victoria de la flota cristiana en la Batalla de Lepanto, el Rosario es signo y garantía de triunfo de los valores cristianos en una sociedad que quiere vivir en paz, bajo la ley del amor de Cristo, Príncipe de la Paz.

José A. Martínez Puche, O.P.